Should we stop to breathe  as we open a parenthesis in the dream

Language: Spanish
Poet: Kepa Murua
Translator: Sandra Kingery

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Should we stop to breathe as we open a parenthesis in the dream

 Four poems by Kepa Murua translated by Sandra Kingery

Kepa Murua was born in 1962 in the seaside town of Zarautz (Basque County, Spain). His books of poetry include Siempre conté diez y nunca apareciste (Calambur 1999), Cavando la tierra con tus sueños (Calambur 2000), Un lugar por nosotros (Germanía 2000), Cardiolemas (Calambur 2001), Las manos en alto (Calambur 2004), Cantos del dios oscuro (El Gaviero 2004), Poemas del caminante (Bassarai 2005), No es nada (Calambur 2008), Poesía sola, pura premonición (Ellago Ediciones 2010), El gato negro del amor (Calambur 2011), and Escribir la distancia (Luces de Gálibo 2012).

Sandra Kingery is Professor of Spanish at Lycoming College in Williamsport, PA.She has nine book-length translations published or forthcoming, including Sílabas de viento / Syllables of Wind, the poetry collection by Xánath Caraza which recently won the 2015 International Book Award in Poetry.  Kingery was awarded a 2010 National Endowment for the Arts Translation Fellowship to complete her translation of Esther Tusquets’s We Won the War

Escribir el Cansancio

Porque tan díficil es desentrañar
lo que dentro sentimos como único,
nos encontramos abatidos en un vivir
donde no se celebra nada
más que el abandono.
Porque tan díficil es explicar
lo que solo a nosotros nos pasa
el cansancio acumulado nos vence
frente a la alegría de los otros.
¿A qué se debe esa incontinencia
por las palabras pronunciadas,
los gestos exagerados
y los abrazos múltiples?
¿Es que nos hemos vuelto locos
al querer ser felices a todas horas?
Es este modo de vida
que nos agota en el trabajo.
Que nos mata en casa.
Que nos aleja del mar como del amor.
De la lluvia fina como de la ternura.
De la hierba como de la esperanza.
De un beso que se da a primera hora
como del cielo por la mañana.
Es este modo de vida rastrero
donde no se celebra nada más
que el abatimiento sereno
y el impertérrito aniquilamiento
de lo que nos rodea
el que nos lleva a escondernos en casa
y desaparecer en un mapa
donde el rastro de los hombres
sigue la estela perdida de los animales.
¿Para qué marcar un territorio
que nunca será nuestro?
¿Por qué dibujar una casa
con una chimenea y un caminito
que nos lleva a la escuela?
¿Un árbol que nos da sombra,
un sol que nos ilumina,
un pájaro que canta?
Y ¿para qué decir finalmente
esto es míoesto es tuyo,
si no podemos salir de una senda
donde mirarnos a los ojos
como lo hace un gato a un punto fijo
o un tigre a un punto más cercano?
¿Volveremos a pasear de un lado a otro
de la jaula, de un lado a otro de la celda,
por sentir la necesidad del aire libre
en un espacio que se abre a nuestros pasos?
¿Deberemos detenernos a respirar
como abrimos un paréntesis en el sueño
que persigue la vida que queremos
mientras es el cansancio el que escribe
del amor que se confunde con el deseo,
la necesidad con la esperanza
o el miedo con el abandono?
Es el dibujo de los días de la infancia
al no ver el verdadero significado
de lo que nos llama la atención.
El grito liberador de la juventud
al no entender lo que sucede
a nuestro alrededor.
El no encontrar las palabras precisas
—en el momento preciso—
eso que sentimos como único.
Y que solo a nosotros nos pasa.

Writing Fatigue

Because it is so difficult to unravel
what we feel inside as unique,
we find ourselves despondent in a life
where nothing is celebrated
except abandon.
Because it’s so hard to explain
that which only happens to us
accumulated fatigue conquers us
in the face of others’ happiness.
What causes this lack of control
over spoken words,
exaggerated gestures
and multiple hugs?
Have we gone crazy
wanting to be happy at all times?
It’s this way of life
that exhausts us at work.
That kills us at home.
That distances us from the sea and from love.
From fine rain and from tenderness.
From grass and from hope.
From a kiss that’s given at first light
and from the morning sky.
It’s this servile way of life
where nothing more than serene dejection
is celebrated
and the undaunted annihilation
of all that surrounds us
which leads us to hide at home
and disappear into a map
where the route of men
follows the lost trail of animals.
Why mark a territory
that will never be ours?
Why draw a house
with a fireplace and a little path
that takes us to the school?
A tree that gives us shade,
a sun that lights our way,
a bird that sings?
And why say finally
this is mine, this is yours,
if we cannot leave a path
where we look each other in the eyes
like a cat does at a fixed point
or a tiger with a point that is closer by?
Will we once again stride from one side of the cage
to the other, from one side of the cell to the other,
because of the need for fresh air
in a space that opens at our feet?
Should we stop to breathe
as we open a parenthesis in the dream
which pursues the life we want
while it is the fatigue that writes
about love that’s confused with desire,
need with hope
or fear with abandonment?
It is the sketch of the days of childhood
when not seeing the true meaning
of what attracts our attention.
The liberating shout of youth
when not understanding what’s happening
around us.
Not finding the precise words
—at the precise time—
that which we experience as unique
and that only happens to us.

Escribir el Aniversario

Si todas las fechas
son un número en el calendario
no todos los días pasan iguales
como no pesan lo mismo
una lágrima sincera
y un falso jadeo.
Creíamos haberlo vivido
o creíamos haberlo olvidado
pero pasada la tormenta
la vida persigue el recuerdo
cuando se cruza una persona
y se dispara el corazón
en un suspiro certero.
Este era un día como otro.
Un día sin importancia.
Pero se envolvía de una luz
efímera en la que creíamos
y con la que brindábamos
para no desfallecer
y seguir adelante.
Y lo hacíamos con un beso
y dos copas que chocaban
muy suave.
Se diría que era eterno.
Se podría decir
que así como nadie
daba un duro por nosotros
nadie se atrevería a romperlo.
Pero, ya ves, la vida tiene esa doblez
que nos espera entre los días
que se marcan o se borran en la pared
para guardar los momentos felices
como se intenta enterrar en la memoria
los que tanto daño nos hicieron.
¿De qué estamos hablando?
¿Del amor?, ¿de la ternura?,
¿de la amistad hecha añicos?
¿De algo que fue real y no queda?
¿Y de qué hablábamos mientras tanto
cuando los números pasaban
a nuestras espaldas su peso vacío
y las palabras en minúsculas
las escribíamos más grandes
para que se dieran importancia
y nos escucharan un poco más lejos?
Escribir del aniversario no es fácil.
Escribir del ritual que como títeres
nos lanza al centro del calendario
no es sencillo. Algunos lo relacionan
con la muerte de sus seres queridos.
Otros con pérdidas que se confunden
con hallazgos. Pero unos y otros
—como los días que se borran
o aquellos que se marcan en rojo—
no pueden volver a vivirse
por más que una persona nos recuerde
un día señalado que nos parecía
más importante que la propia vida.
En una fecha así donde ya no queda
aquel sentimiento que nos hace chocar
contra todos —a veces suave
y otras muy duro—
habla el cuerpo entregado
a un tiempo imposible de olvidar.

Writing the Anniversary

If all dates
are a number on the calendar
not every day passes by the same
just as a sincere sob  
and false breathlessness    
do not signal equivalence.  
We thought we had lived it
or we thought we had lost it
but once the storm passed
life pursues memory
when you cross paths with a person
and your heart pounds
in an unerring sigh.
This was a day like any other.
A day without importance.
But it was wrapped in an ephemeral
light in which we believed
and with which we toasted
so as not to collapse
and to continue onward.
And we did so with a kiss
and two glasses that clinked
very softly.
You could say it was eternal.
You could say
that just as no one
believed in us
no one would dare break it.
But, as you see, life has that duplicity
that awaits us between the days
that are marked or erased on the wall
to save the happy moments
as we try to bury in our memory
those who caused us so much damage.
What are we talking about?
About love?, tenderness?
friendship smashed to bits?
About something real that no longer remains?
What were we talking about in the meantime
while the numbers passed
their empty signal behind our backs
and we wrote
the lower case words bigger
so they were given more importance
and we would be heard a bit farther out?
Writing an anniversary isn’t easy.
Writing the ritual that throws us
against the center of the calendar like puppets
is not easy. Some relate it
to the death of their loved ones.
Others with losses that are confused
with discoveries.  But all of them
—like the days that are erased
or the ones marked in red—
cannot be lived again
no matter how much a person reminds us
of a noteworthy day that seemed
more important to us than life itself.
On a date like that when there is no longer
that feeling that makes us collide
against everyone—sometimes gently
and others very hard—
the body that is dedicated to a time
impossible to forget resounds. 

Escribir el Recuerdo

Estoy sentado sobre mis recuerdos.
La colcha azul de la cama.
La alfombra roja y el silloncito
también de color azul
al lado de la ventana con dos puertas
que miran al balcón.
El lugar ha cambiado tanto
que no lo reconozco.
No encuentro el camino del colegio.
No encuentro la entrada del cine.
Por no encontrar no encuentro
ni el número ni el nombre de la calle.
Parece un ojal en el bolsillo de la chaqueta
la casa que se esconde.
Debería, tal como lo hace él
a la hora de vestirse, llamar
a alguien y pedir ayuda.
Preguntar por dónde queda
la fábrica de dulces.
Por dónde la plazoleta.
Por dónde la callejuela
que da a la vía.
Todavía puedo escuchar
el ruido del tren en mi cabeza
y sentir cómo a su paso
se mueven los objetos de la casa.
Cómo se desliza la lámpara
o cómo cruje el suelo con su peso
en aquella caja de zapatos
tan cerca de los raíles.
Pero como se anuda una corbata
después de veinte años
he de recordar más:
el ruido de las escaleras en mi habitación
cuando alguien bajaba a saltos
hasta llegar al portal.
El cielo blanco del invierno.
O el azul íntimo del verano.
Y la primera langosta que me enseñó mi madre
o el primer gato callejero que se me acercó
en la terraza.
Los rosales de la terraza.
Un viejo coche a pedales con el número trece.
Siempre me ha gustado este número
creo que me da suerte.
Recordar mientras se viste
tiene esas cosas:
suena el reloj de la salita.
Está cerrada la tapa del piano
pero la vida sigue su rumbo
en medio de la muerte
que nos espera a la vuelta de la esquina.
Ojalá cuando llegue me encuentre vestido
soñando que recuerdo
esas cosas que creía olvidadas.
Ojalá me encuentre dormido
aun con la memoria perdida.

Writing Memory

I am sitting upon my memories.
The blue bedspread.
The red carpet and the chair
that was also blue
next to the window with two doors
that look upon the balcony.
The place has changed so much
I don’t recognize it.
I can’t find the street to the school.
I can’t find the entrance to the cinema.
I find so little I can’t even find
the number or the name of the street.
The hidden house
looks like a buttonhole on the pocket of a coat.
I should, like he does
when it comes to getting dressed, call
someone and ask for assistance.
Ask where
the sweet shop is.
And the little plaza.
And the alleyway
that leads to the avenue.
I can still hear
the sound of the train in my head
and feel how things move at home
when it passes.
How the lamp slides over
or the floor creaks with its weight
in that shoebox
so close to the rails.
But as one knots a tie
after twenty years
I must remember more:
the sound of the stairs in my room
when someone was bounding
all the way down to the entrance.
The white sky of winter.
Or the intimate blue of summer.
And the first lobster my mother showed me
or the first alley cat that approached me
on the terrace.
The rose bushes on the terrace.
An old pedal car with number thirteen.
I’ve always liked that number
I think it makes me lucky.
Remembering while you get dressed
has those things:
the clock in the sitting room sounds.
The piano lid is closed
but life continues on
in the midst of the death
that awaits us around the corner.
I hope when it arrives it finds me dressed
dreaming that I remember
those things I thought forgotten.
I hope it finds me sleeping
with my memory still misplaced.

Escribir de Pie

Escribir de pie
es escuchar una música
mientras balanceas el cuerpo
de un lado a otro.
No se puede caminar rápido.
No se puede descansar al máximo.
No se puede mirar a los ojos
ni tocarse con la mano
la barbilla desde el pecho.
Es olvidar lo que tienes entre manos.
Pasear por las voces del desierto
en las arenas de la duda.
Decir es así la vida
que nos mantiene pegados al suelo.
Escribir del amor
cuando piensas en el abandono.
Del abandono
cuando piensas que cada día que pasa
estás más solo.
Es no hacer muchas preguntas
y responder con tus ojos
a lo que ves alrededor
como un viaje inacabado
a cámara lenta.
Es sentir el frío
en medio del verano.
Cubrirte con un sombrero
que oculta los rayos de luz de tus ojos
y dibujar un sol
en medio del océano
que baña con tus pies
y en una milésima de segundo
lo que queda del desierto
en la palma de la mano.
Es pasear por las arrugas de la piel
como se hace en la arena
con los pies descalzos muy lento.
Retocar sus venas
si escribes del amor
y no lo vives de lleno.
Aligerar las penas.
Liberar sus candados
con el orgullo de ser el mismo
aun pareciendo distinto.
Escribir de pie
es como hacerlo dormido
sin saber que estás vivo.
Como dejar el enredo del mundo
en el fondo de los sueños.
Pero es hacerlo
con la cabeza alta
y diciéndole a la vida
que aunque disfrace su belleza
en melancolía y aspereza
tú estás allí
para descifrarla
con el fin de pasear por sus calles
con una invisible bicicleta
en el fondo de una canción
que se escucha desde una ventana abierta.
Es hablar diferente
mientras se corre despacio.
Escuchar de otra manera.
Sentir lo que se vive muy dentro.
Sentirse libre.
Y quitándose la venda de la cabeza
volar muy alto.

Writing While Standing

Writing while standing
is listening to music
while swaying your body
from side to side.
You can’t walk quickly.
You can’t rest fully.
You can’t look into someone’s eyes
or touch with a hand
your chin from the chest.
It’s forgetting what you have in your hands.
Strolling through the voices of the desert
upon the sands of doubt.
Saying life’s like that
that keeps us glued to the ground.
Writing about love
while thinking about abandonment.
About abandonment
when you think that every day that goes by
you’re more alone.
It’s not asking many questions
and answering what you see around you
with your eyes
like a partial voyage
in slow motion.
It’s feeling the chill
in the middle of summer.
Covering yourself with a hat
that hides the rays of light from your eyes
and drawing a sun
in the middle of the ocean
that bathes with your feet
and in a millisecond
what remains of the desert
in the palm of your hand.
It’s walking along the wrinkles of the skin
like one does in sand
very slowly with bare feet.
Touching up its veins
if you write about love
and don’t live it fully.
Lightening the sorrow.
Freeing its chains
with the pride of being the same
even while appearing different.
Writing while standing
is like doing so sleeping
without knowing that you’re alive.
Like leaving the muddle of the world
in the depth of your dreams.
But it’s doing it
with your head held high
and telling life
that even if it disguises its beauty
in melancholy and brusqueness
you are there
to decipher it
in order to stroll down its streets
with an invisible bike
in the depths of a song
that you hear from an open window.
It’s talking differently
while running slowly.
Listening in another way.
Feeling what is lived very deep inside.
Feeling free.
And after taking the blindfold off
flying very high.